NO ES LO MISMO USAR UNA HERRAMIENTA QUE INSTITUCIONALIZAR LA FE
Reflexión
inicial: vi una publicación en un grupo de la iglesia de Cristo y, aunque
pretende ser graciosa, en realidad expone una confusión profunda entre dos
cosas completamente distintas: el uso de una herramienta y la creación de una
estructura religiosa. Decir que quien cuestiona los institutos bíblicos “igual
busca en internet” no es un argumento, es una simplificación que evita
enfrentar el tema real. No responde, solo desvía.
No es lo mismo
usar un medio que crear una institución. El internet, como un libro, una carta
o cualquier recurso, es simplemente un medio de acceso a información. No tiene
autoridad espiritual, no organiza la iglesia, no establece doctrina, no define
quién está capacitado para enseñar. Nadie está sujeto al “internet” como
sistema. En cambio, un instituto bíblico no es un medio neutral, es una
organización estructurada: tiene programas, currículos, maestros designados,
procesos formales de formación y, en muchos casos, una autoridad implícita
sobre la enseñanza. Eso no es simplemente aprender; eso es institucionalizar la
enseñanza. Y ahí está el punto clave: en el Nuevo Testamento no vemos a los
apóstoles creando instituciones externas para formar predicadores. Confundir
ambas cosas es un error básico, como decir que leer en casa es lo mismo que
fundar una universidad.
El
modelo bíblico de enseñanza ya fue establecido y no necesita ser reinventado.
La enseñanza en el Nuevo Testamento ocurre dentro de la iglesia y entre los
creyentes: Hechos 2:42 muestra a los cristianos perseverando en la doctrina de
los apóstoles; Colosenses 3:16 enseña que la palabra debe habitar en los
creyentes enseñándose unos a otros; 2 Timoteo 2:2 habla de transmitir la
enseñanza a hombres fieles que sean idóneos para enseñar a otros. Todo esto
ocurre en el contexto de la vida de la iglesia, no en instituciones externas
paralelas. No hay evidencia de academias teológicas organizadas fuera de la
iglesia local. No hay sistema educativo independiente aprobado por los
apóstoles. La enseñanza estaba integrada, no delegada.
El argumento
presentado es una falsa equivalencia. Equiparar el uso del internet con la
existencia de institutos bíblicos es un error lógico evidente. El internet no
sustituye a la iglesia, un instituto muchas veces sí asume funciones que
pertenecen a la iglesia. El internet no tiene autoridad doctrinal, un instituto
puede llegar a ejercerla. El internet no certifica ni valida a nadie
espiritualmente, un instituto muchas veces sí crea esa percepción. Por lo
tanto, no son comparables. No cumplen la misma función, no operan bajo el mismo
principio, no tienen el mismo impacto. Es un argumento débil disfrazado de
burla.
El
punto central es la autoridad bíblica, no la conveniencia humana. El problema
no es si algo parece útil o práctico, porque muchas cosas pueden parecerlo. El
punto es si está autorizado por Dios. Colosenses 3:17 establece que todo lo que
se haga debe hacerse en el nombre del Señor, es decir, con su autoridad. Cuando
se crean estructuras que no aparecen en el modelo bíblico, se entra en el
terreno de añadir a lo que Dios ya estableció. Y ese es un asunto serio. No se
resuelve con memes ni con comparaciones simplistas.
Reducir
el debate a un meme no es defender la verdad. Es evadirla. Es más fácil
ridiculizar que argumentar, pero la fe no se sostiene sobre burlas sino sobre
la verdad revelada (Juan 17:17). Si alguien necesita recurrir a comparaciones
tan débiles, eso dice más sobre la falta de argumento que sobre la posición que
intenta atacar.
Conclusión:
no, no es lo mismo usar internet que promover institutos bíblicos. Uno es una
herramienta; el otro es una estructura. Uno facilita el acceso a información;
el otro organiza y regula la enseñanza. Uno no tiene autoridad espiritual; el
otro puede llegar a asumirla. La diferencia no es pequeña, es fundamental. Por
eso, el debate no se resuelve con sarcasmo superficial, sino respondiendo a la
pregunta clave que muchos prefieren evitar: ¿dónde está la autorización bíblica
para esa práctica? Porque al final, no se trata de lo que parece lógico,
moderno o útil, sino de lo que Dios ha establecido.
